02 mayo 2016

El internet de las cosas



La verdad es que el mundo que viene con la revolución del internet de las cosas no me apasiona precisamente. O mejor dicho, me da un cierto pánico. No me hace ninguna gracia que mi nevera se conecte a la red para decir que se ha acabado la leche. ¿Quién demonios se ha creído que es mi nevera para comprar la leche por mí? O que mi coche decida que conduzco mal y tome el control de la conducción.

Ya sé que son casos muy extremos y bastante peregrinos, pero la tendencia general es esta. Un montón de sensores y máquinas dando vueltas por todas partes, de cuyo control nadie se va a responsabilizar, y cuya principal función va a ser espiarnos para vender los datos a la corporación meganacional que más pague por ellos.

Si del uso de la tarjeta cliente de un supermercado ya se puede deducir prácticamente nuestra biografía en verso, imaginaos qué pasará cuando todo tipo de sensores y máquinas puedan cruzar sus datos, o mejor dicho, los datos relativos a nosotros, para usos comerciales o políticos de todo tipo.

La verdad es que el futuro puede ser un lugar verdaderamente angustiante. Y todo con la excusa de hacernos la vida más fácil, cosa que yo particularmente no le he pedido a nadie, pero que parece ser que otros ya han decidido por mí.

¿Es este futuro distópico? Yo juraría que se parece horrorosamente al 1984 de George Orwell, con un Gran Hermano en cada esquina, tratando de vendernos la última canción de la estrella del pop de moda o una funda para nuestro móvil con el color a juego con nuestros ojos, como podíamos ver en la película Minority Report.

1 Comments:

At 11:13 p. m., Blogger Joana said...

Ups! Fa por!

 

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